PARÍS, VIENA Y LA GUITARRA A PRINCIPIOS DEL S.XIX

Retrocedamos en el tiempo y situémonos en 1799. La música clásica estaba en pleno clasicismo y en puertas de comenzar la etapa romántica. En el caso de España y de la música para guitarra clásica, el siglo XVIII había sido un tanto extraño. El último gran tratado para guitarra barroca fue “Passacalles y Obras de Guitarra…”, de 1732, obra de Santiago de Murcia (cuyas fechas de nacimiento y muerte han variado mucho, ahora parece que fueron 1673-1739). Además fue el último tratado escrito para tablatura, la antigua notación musical.

Desde ese año 1732 hasta finales de siglo, se pasa por un extraño silencio de 40 años, donde no conozco ninguna publicación para el instrumento. En la década del 1770s aparecen ya sí al menos tres tratados.
• “Explicación para tocar la guitarra de punteado por música o cifra, y reglas útiles para acompañar con ella la parte del bajo”, editado en 1773 y obra de Juan Antonio de Vargas y Guzmán (¿?-d.1773)
• “Instrucción de música sobre la guitarra española”, de 1779 y autoría de Fernando Ferandiere (a.1740-a.1816),
• “Obra para guitarra de seis ordenes”, de 1780 y compuesto por Antonio Ballesteros (¿?-d.1780). Éste último creo que se perdió y es una auténtica lástima porque es el primero que habla de la guitarra de seis órdenes en España.

Con todo esto llega el año 1799 y ocurre algo inusitado. Se publican 4 Tratados sobre la guitarra de seis órdenes en ese mismo año.
Son:
• Arte de Tocar La Guitarra Española por Música, del propio Fernando Ferandiere.
• Escuela para tocar con perfección la guitarra de 5 ó 6 órdenes, del portugués Antonio Abreu (s.XVIII) (acabado y arreglado por Víctor Prieto)
• Arte, reglas y escalas armónicas para aprehender a templar y puntear la guitarra española de 6 órdenes, según el estilo moderno, de Juan Manuel García Rubio (¿?-d.1799)
• Principios para tocar la guitarra de 6 órdenes precedidos de los elementos generales de la música, del italiano Federico Moretti (1769-1839), afincado en España desde joven y que desarrolló casi toda su carrera en éste país.

Por tanto el comienzo del s. XIX empezaba con gran fuerza para la guitarra clásica, al menos en España. El otro país importante a la hora de dar compositores que escribieran para guitarra fue Italia. De hecho todavía existe una pugna entre cuáles son mejores, los guitarristas clasicistas y románticos españoles o los italianos.

Pero España e Italia era lógico que parieran multitud de guitarristas y compositores para ese instrumento. Lo que podría ser menos predecible es que a principios de ese siglo XIX dos grandes urbes se convirtieran en foco de atracción, de inspiración y de divulgación para la música instrumental para guitarra.

Pues sí, la primera de ellas fue Viena.

Alrededor de 1802 o 1803 llegan a Viena el guitarrista y compositor checo Wenzeslaus Matiegka, ó Václav Matějka (1773 –1830) y el guitarrista, compositor y editor austriaco Anton Diabelli (1781 –1858). Poco después, en 1806 llega el gran guitarrista y compositor italiano Mauro Giuliani (1781-1829) y permanece allí hasta 1819.

Es irse Giuliani y llega otro compatriota, Luigi Legnani (1790 –1877), que sólo está en Viena de 1819 a 1823, pero influye mucho en la ciudad. Y el último gran guitarrista en la capital austriaca fue el húngaro Johann Kaspar Mertz (1806-1856) que llega en 1840 y allí se queda.

Como veis, fue espectacular lo que gustó la guitarra allí y el apoyo que tuvo por parte del público vienés. Se dice que Ludwig van Beethoven (1770 –1827) era un enamorado de la guitarra. De hecho fue amigo de varios de ellos y parece ser que escribió una obra para este instrumento, aunque es dudoso atribuirla a este instrumento. El que no hay duda de que sabía tocar la guitarra es Franz Schubert (1797-1828), que además sí que tiene obras donde participa la guitarra.

Pero si Viena fue importante, más aún lo fue París.

Sobre todo porque fue un foco de atracción hacia los mejores compositores españoles e italianos de la época. Posiblemente el primero en llegar fuera Salvador Castro de Gistau (ca.1770-18¿?), guitarrista español, del que desconozco su origen.

Pero el primero de verdad en crear impacto fue el italiano Ferdinando Carulli (1770-1841), que llega en 1808 y allí pasó el resto de su vida. Un año antes, en 1807, había llegado Manuel del Pópulo García (1775 – 1832), cantante de ópera sevillano, compositor de ópera (y también de canciones con acompañamiento de guitarra) y padre de tres personajes importantes del siglo XIX, de los que hablaré en otro momento.


Manuel García vive en París en tres períodos, de 1807 a 1811, de 1816 a 1823 y de 1829 a 1832. Otro que estuvo dos períodos en París fue el fantástico compositor catalán Fernando Sor (1778-1839), exiliado a París por afrancesado. Allí vivió de 1813-15 y de 1826-39, y entre ambos períodos lo hizo en Londres y Rusia.

El siguiente en llegar fue otro italiano, Francesco Molino (¿1774 ó 1768?-1847), que llega en 1819 ó 1820 para quedarse hasta su fallecimiento. Es conocido el debate que se creó a su llegada entre los Carullistas y los Molinistas…

Otro gran compositor italiano llega temporalmente a París en 1815 y definitivamente de 1820 en adelante. Hablo de Matteo Carcassi (1792-1853).

Todavía más. En 1825 llega a París el guitarrista, compositor y pedagogo madrileño Dionisio Aguado (1784-1849), donde llega a compartir habitación con Fernando Sor, y permanece en París hasta 1838.

A partir de 1840 el gusto por la guitarra decae, pero aún así París sigue atrayendo talento. Todavía llegarían tres grandes guitarristas.

El alicantino Trinidad Huerta (1800-1875), una auténtica celebridad en su época con giras incluso por América, que vivió en París en tres períodos de 1820-25, de 1830-35 y de 1850 a 1875.

El francés Napoleón Coste (1805-1883) que ya se establece en París en 1829, para hacer carrera allí. Y el catalán Jaime Bosch (1826 – 1895), que permanece en París de 1852 hasta su muerte.

Como veis una barbaridad de talento establecido en París y Viena. En España e Italia quedaban muchos estupendos compositores y guitarristas, y más aún a partir de la década de 1840s cuando ya no atraía tanto el fulgor de estas dos ciudades.

Lo triste es que, sabido el éxito tan gigantesco que tuvo la guitarra en esas dos metrópolis, ¿por qué no escribieron más compositores importantes del siglo XIX para el instrumento?. ¿Por qué hubo que esperar hasta los años 20 y sobre todo los años 30 del siglo XX para que ya sí empezaran a hacerlo? (y gracias, sobre todo, a Andrés Segovia (1893-1987), pero también a otros como los hermanos Sainz de la Maza, Regino (1896 —1981) y Eduardo (1903-1982) ).

Es una lástima, porque tampoco en España los grandes compositores dedicaban apenas espacio para la guitarra. Por eso los propios guitarristas tenían que convertirse en compositores para crear repertorio de su instrumento. El ejemplo más famoso es el del castellonense Francisco Tárrega (1852 –1909).

Espero que os haya gustado.

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