LA ESCRITURA PARA GUITARRA Y ORQUESTA (y 2) 1920-1957

Como ya he indicado en la anterior entrada, con el declive de la guitarra en el segundo cuarto del s. XIX desaparece una posibilidad de establecer a la guitarra como un instrumento capaz de formar parte de la orquesta o de establecerse como solista por delante de una agrupación orquestal. Con la llegada del s.XX empiezan a aparecer una serie de compositores que sí se sienten más afines a la guitarra. Por poner sólo dos ejemplos, el compositor brasileño Heitor Villa-Lobos (1887-1959) sabía tocar la guitarra (aparte del chelo y otros instrumentos) y compuso para ella piezas, siendo las más antiguas de ellas de su juventud, a comienzos de siglo. En España, un compositor gaditano, Manuel de Falla (1886-1946), presenta una ópera a un concurso en Madrid y gana el primer premio. Se trata de “La Vida Breve”, compuesta entre 1904 y 1905, pero que no pudo estrenarse hasta el 1 de abril de 1913, en Niza. Para entonces la obra había sufrido algunos pequeños cambios, pero seguía conservando que al comienzo del acto II debía de aparecer un cantaor flamenco acompañado por una guitarra española.

Pero seguían siendo casos aislados, ningún compositor de renombre se atrevía a escribir para la guitarra, aunque se sintieran atraídos por ella, como Debussy o Ravel. Todo cambió en el año 1920, porque se dieron dos hechos clave ese año concreto. El primero que Manuel de Falla, ya afamado compositor y establecido definitivamente en Granada, decide componer una obra para homenajear a su amigo Claude Debussy (1862-1918), recientemente fallecido. Precisamente por lo que he dicho antes, decide componerla para guitarra (“Hommage, pour le Tombeau de Claude Debussy”), aunque posteriormente la trasladó también al piano. Es el primer caso en que un compositor de renombre escribe para la guitarra conscientemente y sin tener que ser un encargo.

El segundo hecho es que el genio de Linares, Andrés Segovia (1893 – 1987), realiza su primera gira de conciertos fuera de España (se traslada a Uruguay y Argentina). Segovia tiene 27 años y tiene una obsesión metida entre ceja y ceja revalorizar el repertorio para guitarra clásica mediante la composición de nuevas obras por compositores de talla mundial. A la llamada de Segovia pronto se presentan algunos compositores españoles como Federico Moreno Torroba (1891-1982), con su Danza Castellana (1921) y con su Sonatina (1923) o Joaquín Turina (1882-1949), con su Fandanguillo (1925). A ellos va uniéndose, poco a poco compositores de otros países, como el mexicano Manuel María Ponce (1882-1948), al que conoce en México en 1923 y para el que compone su “Sonata clásica, Hommage à Fernando Sor” (1923), o el polaco afincado en Francia Alexandre Tansman (1897-1986),  que compuso su Mazurka (1925) para la guitarra de Segovia.

En 1920 también compone Villa-Lobos su primer Choro (Choro típico) para la guitarra, aunque todavía no conocía a Segovia, pues no había viajado todavía a París. Ahora que cuando conoció a Segovia le regaló dos monumentos de la música para guitarra, los Estudios de 1929 y los 6 Preludios de 1940.

Por su parte Falla influenció mucho en una serie de compositores jóvenes que acabarían englobándose en la mal llamada “Generación del 27” de la música española. Dentro de este grupo estaría el llamado “grupo de los 8”, formado en Madrid y que contaba con Ernesto Halffter (1905-1989) y su hermano Rodolfo (1900-1987), Juan José Mantecón (1895-1964), Julián Bautista (1901-1961), Fernando Remacha (1898-1984), Rosa García Ascot (1902-2002), Salvador Bacarisse (1898-1963) y Gustavo Pittaluga (1906-1975), más otros que no vivían ni estudiaban en Madrid como el levantino Joaquín Rodrigo (1901-1999), el burgalés Antonio José Martínez Palacios (1902-1936)  o los catalanes Federico Mompou (1893-1987) y Roberto Gerhard. (1896-1970). Todos, antes o después, escribirán al menos una pieza para guitarra siendo los más tempraneros Ernesto Halffter (con su Peacock Pie, 1923), Rodrigo (con su Zarabanda lejana, 1926) y Julián Bautista (con su Preludio y danza op.10, 1928).

Vuelvo a dejar claro que ninguno de estos compositores era intérprete de guitarra ni tenían a la guitarra como su instrumento primordial para componer. Segovia realiza giras a cada vez más países, llegando a actuar en toda Europa, América, Japón o China, también empieza a grabar composiciones en discos, siendo su primera grabación la realizada en Londres en Mayo de 1927… la última fue 50 años después.

Como habréis podido notar Segovia no pudo involucrar a ningún compositor de renombre para que le dedicara alguna obra (ni siquiera Falla), por eso se centró en compositores jóvenes y no muy conocidos porque estarían más abiertos a realizar cambios en sus composiciones, a recibir instrucciones y consejos de Segovia, e incluso a dejar que éste hiciera correcciones en la partitura. Segovia decía que preparar una obra de un compositor no guitarrista para adaptarla como pieza de concierto, era una forma de transcripción. Esto le llevó a tener grandes desacuerdos con bastantes de sus compositores, especialmente con Castelnuovo-Tedesco, Ponce y Tansman.

Aparte de ser jóvenes compositores “maleables” debían de ser del gusto de Segovia. Es decir, buscaba compositores neoclásicos o nacionalistas, no buscaba atonalistas, vanguardistas musicales ni nada que se saliera de su conservador gusto musical. Se dice que una vez Igor Stravinsky (1882-1971) le preguntó a Segovia que por qué nunca le había pedido que compusiera una pieza para él. Segovia, parece ser, le contestó: “porque no quiero insultar a su música no tocándola”.

Pasar por el aro de Segovia tenía muchos puntos en contra, pero también tenía varios a favor. No hay nada más que pensar que Segovia fue el primer guitarrista profesional, en el sentido de que esa fue su profesión a tiempo completo, que daba casi 100 conciertos cada año y que grababa todas las obras que se le dedicaban. Por eso estos jóvenes veían como sus obras eran interpretadas por Segovia en todo el mundo, que incluso les ayudaba a publicarlas y finalmente acababan siendo grabadas en disco. Todo esto eran ingresos económicos para los compositores que en algunos casos pasaban necesidades, como el caso de Ponce durante su estancia en París.

En 1932 Segovia conoce al compositor italiano de origen sefardí Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968). Fue durante un Festival en Venecia en el que aprovechó para pedirle que le compusiera alguna obra para guitarra. Castelnuovo aceptó pero dudaba de poder cumplir el encargo porque no sabía escribir música para guitarra. Segovia le animó y para ayudarle le mandó algunas partituras para que le sirvieran de ejemplo y también le explicó las nociones básicas para componer en guitarra. Poco después le mandó a Segovia su obra “Variazioni (attraverso i secoli…) op. 71”, 1932). Segovia se quedó asombrado y le contestó por carta “es usted el primer compositor que conozco que entiende de inmediato como se debe escribir para la guitarra”.

Durante los años siguientes compuso otras obras para Segovia (“Sonata (omaggio a Boccherini) op. 77”, de 1934; “Capriccio diabolico (omaggio a Paganini) op. 85”, de 1935; “Tarantella e Aranci in fiore op. 87”, de 1936 o “Variations plaisantes sur un petite air populaire op. 95”, de 1938). En 1938 Castelnuovo empieza a pensar en irse de Italia debido a las nuevas leyes anti-semitas promulgadas por Mussolini. Segovia le recomienda que dirija sus pasos hacia EE.UU. Efectivamente, a principios de 1939 Castelnuovo se exilia en EE.UU., pero antes de irse le entrega a Segovia el regalo que tanto había esperado, un Concierto para Guitarra y orquesta (el nº1, op.99). Segovia lo estrena en el lugar donde había establecido su residencia tras estallar la Guerra Civil en España, en Montevideo. Fue el 29 de octubre de 1939.

Este Concierto acabaría siendo superado en fama y en prestigio por otro Concierto para guitarra y orquesta acabado también en 1939, el “Concierto de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo. Rodrigo escribió este concierto por encargo expreso del guitarrista burgalés Regino Sainz de la Maza (1896-1981). Fue durante una comida en San Sebastián en la que Regino le dijo que tocar un concierto era la ilusión de su vida y que él estaba predestinado para hacerlo. Rodrigo aceptó y volvió a París con su mujer. Fue en París donde nació el Concierto, pues la familia Rodrigo permaneció en Francia durante la Guerra Civil. El concierto se creó en un momento muy complicado de la vida de Rodrigo pues, durante su creación, su mujer (Victoria), que estaba embarazada, perdió el hijo que estaban esperando e incluso ella estuvo a punto de morir. Todo este sufrimiento fue el germen del movimiento lento del concierto. El concierto se llama “de Aranjuez” porque está dedicado a los jardines del Palacio de Aranjuez, sitio donde estuvieron de luna de miel el matrimonio Rodrigo.

Poco antes de acabarlo el matrimonio Rodrigo decide volver a España cuando acabe la guerra civil. Este hecho ocurre El 1 de abril de 1939 y entonces Rodrigo decide aceptar uno de los varios ofrecimientos de trabajo que le llegan desde España, en concreto un puesto en el Departamento de Música de Radio Nacional, en Madrid. Los Rodrigo vuelven a España el 3 de septiembre, poco antes de empezar la Segunda Guerra Mundial. Entre las pertenencias que llevaban estaba el manuscrito en braille del Concierto. Sin embargo su estreno se dilató hasta el 9 de noviembre de 1940 y fue en Barcelona, con Regino a la guitarra y la Orquesta Filarmónica de Barcelona. También fue Regino el primero que grabó el concierto en disco, alrededor de 1947-48, junto con la Orquesta Nacional de España bajo la batuta del insigne director Ataulfo Argenta (1913-1958).

Segovia NUNCA tocó el concierto de Aranjuez… porque no se lo habían dedicado a él. Segovia era el guitarrista más famoso del mundo, pero no el único. En este caso fue Regino quien ha pasado a la posteridad por ser quien incitó a Rodrigo a componer el concierto y quien lo estrenó. Segovia si que estrenó el Concierto para guitarra y orquesta del mexicano Manuel María Ponce. Fue un concierto que pasó por muchas dificultades. Ponce fue de los primeros que intentó escribirle un concierto a Segovia. De hecho lo empezó en 1926, pero tuvo que dejarlo y fue postergado por otras obras, de manera que fue componiéndolo cuando sus obligaciones le dejaban algo de tiempo libre. Otra razón para tanto retraso fue que Segovia fue revisando, cambiando y alterando cada movimiento del Concierto y todo por carta o en los pocos ratos en los que ambos coincidían. De hecho el espaldarazo más grande fue saber que otro compositor estaba a punto de crear otro concierto para Segovia (Castelnuovo). Segovia incluso barajó la posibilidad de estrenarlos los dos conciertos en el mismo recital.

Pero no pudo ser. Finalmente el “Concierto del Sur” de Ponce se estrenó el 4 de octubre de 1941 en Montevideo, 15 años después de empezarlo.

La siguiente obra para guitarra y orquesta de Castelnuovo que Segovia estrenó fue la “Serenata en re menor op.118”, compuesta en 1943.

En 1945 Castelnuovo también arregla su “Capriccio diabolico” para guitarra y orquesta, pero ese año es reseñable también porque  Alexandre Tansman compone su “Concertino para guitarra y orquesta”, que también estrenó Segovia. Para ello siguió todas las indicaciones que le dio el guitarrista, especialmente que fuera una obra tonal.

 

 

 

En 1947 fue le compositor valenciano Manuel Palau (1893-1967) el que se atrevió a crear una obra para guitarra y orquesta, su     “Concierto Levantino” que estreno el 17 de diciembre de 1948 un joven guitarrista murciano, Narciso Yepes (1927 – 1997).

En 1951 Heitor Villa-lobos había compuesto una “Fantasía concertante”  para que fuera interpretada por Segovia. Éste último aceptó el ofrecimiento pero le pidió al compositor brasileño que le añadiera una cadenza. De esta forma estrenó el definitivo “Concierto para guitarra y orquesta” el 6 de febrero de 1956 junto con la sinfónica e Houston y dirigiendo el propio Villa-Lobos.

En 1952 ve la luz el “Concertino para guitarra y orquesta” del compositor español, exiliado en Francia, Salvador Bacarisse. El dedicatario y quien estrenó la obra fue Narciso Yepes. Fue en París con la Orquesta Nacional de España, dirigida por Ataulfo Argenta, en octubre de 1953.

En 1953 Castelnuovo-Tedesco compone su segundo concierto para guitarra y orquesta, al que llamó “Concerto sereno” op.160. Evidentemente fue escrito para Segovia y él lo estrenó.

1954 fue un gran año para Segovia porque le dedicaron dos conciertos para guitarra y orquesta. El primero fue el “Hommage à Manuel de Falla”, para guitarra y orquesta de cámara de Alexandre Tansman, su segunda incursión en este género.

Pero el Concierto que más ilusión le hizo a Segovia fue el que le compuso, por fin, el maestro Rodrigo. Como ya he indicado, Segovia nunca tocaba nada que no fuera dedicado a él (siempre refiriéndome a compositores en activo en ese momento). Rodrigo por su parte sí que había compuesto algunas piezas para guitarra dedicadas al guitarrista, como sus ‘Tres piezas españolas’, porque Rodrigo tenía en alta estima todo lo que Segovia había hecho por dignificar la guitarra y hacerla conocida en todo el mundo. De hecho, sin su figura, posiblemente Rodrigo no hubiera compuesto para guitarra.

El origen del concierto ha y que buscarlo 3 años atrás, en 1951. Ese año Segovia le hace un encargo formal de crear otro concierto para guitarra y orquesta. Rodrigo no estaba por la labor de hacerlo, porque tenía mucho miedo a la reacción que pudiera tener su nuevo concierto tras el inmenso éxito que tuvo el anterior. Pero pesó más el hecho de crearle uno a su admirado dedicatario y pensó en, de paso, hacer un homenaje a uno de sus compositores favoritos del siglo XVII, Gaspar Sanz (1640-1710). De esta forma eligió unas cuantas piezas del repertorio guitarrístico de Sanz y estableció una Suite que tituló “Fantasía para un Gentil Hombre”, con la que mataba dos pájaros de un tiro ya que ese gentil hombre hace referencia a Sanz pero también lo es para Segovia. El concierto se terminó en 1954 pero el estreno se dilató un tiempo hasta que Segovia lo estrenó el 5 de marzo de 1958, con la sinfónica de San Francisco, dirigida por Enrique Jordá.

A estas alturas de siglo la escritura para guitarra y orquesta se ha afianzado sobre todo gracias a una serie de guitarristas que siguieron los pasos de Segovia y que prosiguieron su tarea en pos de un repertorio amplio de nuevas composiciones. En poco más de dos años aparecen al menos cuatro conciertos e incluso uno de ellos ya no está compuesto para un guitarrista iberoamericano. Me refiero a la pequeña “Serenata para guitarra y  cuerdas op.50”, escrita en 1955 por el compositor inglés Malcom Arnold  (1921-2006) para ser estrenada por su compatriota Julian Bream (1933-).

En 1956 el que compone su “Concierto para guitarra y orquesta” es Fernando Remacha, otro de los compositores del grupo de los 8, como Bacarisse. El concierto fue estrenado por Regino Sainz de la Maza. Desgraciadamente no he podido encontrar imágenes con el citado concierto, y eso que es precioso. En su lugar os dejo una de las piezas de Remacha compuestas para guitarra.

Ese mismo año un compositor venezolano, que además era guitarrista, decide crear otro “Concierto para Guitarra y Orquesta”. Me refiero a Antonio Lauro (1917-1986) y el dedicatario y quien lo estrenó fue un discípulo de Segovia, el también venezolano Alirio Díaz (1923-).

He querido dejar este recorrido por los primeros conciertos para guitarra del siglo XX con el que puede que sea el primer concierto no tonal ya que todos los anteriormente mencionados estaban escritos en un lenguaje afín a los gustos de Segovia o al menos en un lenguaje tonal claro, incluido el de M. Arnold. Lo creó un compositor gibraltareño afincado en Francia, un hombre que nació con pasaporte británico, vivió en Francia casi toda su vida, pero que se sentía también profundamente ibérico. Hablo de Maurice Ohana (1913 -1992) autor de un Concierto basado en el flamenco y en el cante jondo que denominó “3 Gráficas” (1950-57). Fue estrenado por su amigo Narciso Yepes.

Aquí termina este viaje. Seguro que me he dejado algún que otro Concierto creado entre 1939 y 1957 pero os he dejado los que creo que son los 15 más importantes. Espero que os haya gustado conocer algo de la historia de nuestro instrumento más genuino.

 

 

Nombre de la obra                          Autor                           Estrenado por        

– Concierto para guitarra y orquesta nº1 op.99 (1938-39)   Castelnuovo-Tedesco,   Segovia

– Concierto de Aranjuez  para gu. y orq. (1939)     Rodrigo,            Regino

– Concierto “del Sur” (1926-1940)    Ponce,              Segovia

– Serenata en re menor op.118 (gu. y orq) (1943) Castelnuovo-Tedesco,      Segovia

– Concertino (1945) pour guitare et orchestre   Tansman                   Segovia

– “Capriccio diabolico” vers. gu. y orq., op.85a 1945      Castelnuovo-Tedesco,        Segovia

– Concierto levantino (gu. y orq.) (1947 rev 1959)    Palau          Yepes

– Concierto para guitarra y orq. (1951) Villa-Lobos,        Segovia

– Concertino para guitarra y orq. (1952)      Bacarisse                                Yepes

– Concierto para guitarra y orquesta nº2 op.160 (1953) Castelnuovo-Tedesco,     Segovia

– Hommage à Manuel de Falla (1954), guitare et orchestre de chambre   Tansman   Segovia

– Fantasía para un gentilhombre para gu. y orq. (1954) Rodrigo,        Segovia

– Serenata (guitarra y  cuerdas) op.50  (1955)   Arnold,         J. Bream

– Concierto para guitarra y orquesta (1956)   Remacha,          Regino

– Concierto para Guitarra y Orquesta (1956) Lauro,        Alirio Díaz

– 3 Gráficas, concierto para gu. y orq. (1950-57) Ohana,            Yepes

 

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