COMPOSITORES ALEMANES EXILIADOS TRAS LA SUBIDA AL PODER DEL PARTIDO NAZI

De vuelta con vosotros después de un largo período os propongo completar uno de los temas tratados este año en este Gabinete. Me refiero a una de las entradas que realicé en Febrero en la que os relataba una serie de Compositores Checos que tuvieron la desgracia de morir en Campos de Concentración Nazis y os mostraba alguna de las obras que compusieron, en dichos Campos, antes de morir.

Pues bien, he querido convertir esa entrada en la primera de un tríptico que tiene como telón de fondo la Segunda Guerra Mundial y los Compositores Centroeuropeos que la sufrieron en carne viva. En los dos siguientes artículos voy a tratar de mostraros a una serie de compositores que tuvieron que exiliarse por sus ideas políticas, por ser judíos o descendientes de judíos o, simplemente, por estar en contra de los régimenes totalitarios que se instauraron en Europa a finales de los años 20 y principios de los 30.

 

Como podeis apreciar en el título, esta primera parte va a estar dedicada a los propios compositores alemanes que se vieron forzados a dejar su patria tras la llegada al poder del partido Nacional Socialista, en 1933, o tras sentir la presión del aparato del Partido en su contra entre ese año 1933 y 1940. La segunda se centrará, exclusivamente, en compositores austríacos que corrieron la misma suerte.

O sea Alemanes y Austríacos. No fueron los únicos que se exiliaron pero sí que fueron los que centran un mayor número de compositores de importancia y renombre. Fijaos que yo manejo una lista de unos 30 grandes compositores que se vieron forzados a exiliarse a Inglaterra y especialmente a EE.UU. Pues entre alemanes y austríacos engloban 2/3 de los mismos, es decir una veintena.

 

Evidentemente hablo de compositores forzados al exilio, por eso no voy a nombrar a algunos compositores que ya trabajaban y vivían en EE.UU. antes de la llegada al poder de Hitler, como la alemana Johanna Magdalena Beyer (1888 – 1944), el compositor austríaco de Bandas Sonoras Max Steiner (1888-1971), su homólogo húngaro Miklós Rózsa (1907 –1995, que vivió en Inglaterra antes de ir a EE.UU.) o el francés Edgar Varèse (1883 – 1965). Tampoco trato aquí a los que llegaron a EE.UU. tras la Revolución Rusa de 1917 como Sergei Rachmaninoff (1873–1943) o el también compositor de Bandas Sonoras Dimitri Tiomkin (1894 –1979).

Como quiero que tengáis una visión global de todos estos compositores, voy a enumerar (antes de empezar a tratar los alemanes) los europeos que también huyeron del conflicto bélico provinientes de otros países. Como sabéis el primer paso para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial fue la anexión de Austria (país natal de Hitler) por parte de Alemania, en marzo de 1938. Pero la fecha de inicio de la Guerra es realmente el 1 de septiembre de 1939 cuando Alemania invade Polonia. Polaco era Ignacy Jan Paderewski (1860-1941), grandísimo pianista, compositor y político que se vió forzado a emigrar a Inglaterra con casi ochenta años. Murió realizando una gira por EE.UU.

Uno de los caso más conocidos fue el de uno de los mejores compositores del siglo XX, el húngaro Bela Bartok (1881-1945) que emigró a EE.UU. en octubre de 1940 debido a su frontal oposición a los Nazis y al partido húngaro en el poder, que era una mera marioneta de los alemanes. Bartok murío en el exilio. Ni Paderewski, ni Bartok eran judíos pero sí que lo era Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968), compositor sefardí italiano que emigró a EE.UU. en 1939 cuando las tensiones con el partido de Mussolini se hicieron insostenibles. Castelnuovo ya se quedó en EE.UU. el resto de su vida.

Quitando Austria y Alemania, el país que vió marcharse a más compositores fue Francia, especialmente tras la invasión del país en 1940. Francia había sido el país de escala de muchos compositores centroeuropeos antes de partir para EE.UU., pero también huyeron, desde este país, muchos compositores afincados en Francia y especialmente en París. Hablo de las francesas Germaine Tailleferre (1892-1983) y Nadia Boulanger (1887 –1979), del también francés (y judío) Darius Milhaud (1892-1974), del checo Bohuslav Martinu (1890-1959), del polaco judío Alexandre Tansman (1897 -1986) y especialmente del genio del siglo XX, Igor Stravinsky (1882-1971), ruso de nacimiento pero nacionalizado primero francés y luego norteamericano. Todos volverían a Europa tras la guerra menos el ruso. En la foto superior aparecen tres de ellos, Stravinski a la izquierda, Milhaud en el centro y Boulanger a la derecha.

Otros compositores decieron participar en la guerra y muchos de ellos lo pagaron con sus vidas, como Jehan Alain (1911-40), o acabaron siendo capturados y encerrados en Campos de Concentración, como le pasó a otro genio del s. XX, el francés Olivier Messiaen (1908-1992), que alumbró en su internamiento una de las obras cumbres de la música de ese siglo, el “Cuarteto para el Final de los Tiempos“ (1941).

Después de esta larga y necesaria introducción me centro ya en los compositores nacidos en la propia Alemania y que se vieron forzados a dejar su patria. En la época entre guerras, la época de la llamada “República de Weimar“ (1919-33), la figura dominante de la música alemana era Richard Strauss (1864-1949). Pero, a su sombra y auspiciados por el aperturismo que se vivió en esa fantástica época, aparecieron una serie de compositores que decidieron romper las fronteras entre la música culta, el jazz, el cabaret o la música ligera. Además tenían la posibilidad de trabajar en otros campos como la música para películas o la realización de obras para un nuevo medio, la radio.

Te podías encontrar el caso de una compositor de operetas como Eduard Künneke (1885 – 1953) que era capaz de crear un concerto grosso para banda de jazz y orquesta (su Tänzerische Suite opus 26, de 1929), el caso de un compositor “clasico“ como Max Butting (1888–1976) que creó una Sinfonietta con Banjo (su op.37, también de 1929), o el caso de una serie de compositores jóvenes que se agruparon en derredor de una figura universal, el dramaturgo alemán Bertolt  Brecht (1898- 1956).

 

Me refiero a gente como Kurt Weill (1900-1950), Paul Dessau (1894 -1979) o Hanns Eisler (1898 – 1962), pero también a otros influenciados por Brecht como Stefan Wolpe (1902 –1972). Lo curioso del caso es que Brecht no era judío (su padre era católico y su madre protestante) pero los cuatro compositores que he mencionado sí que lo eran. Salvo Weill, los otros tres compartían otra característica en común con Brecht, eran abiertamente comunistas.

Junto a todos estos nombres sobresalió en los años 20 la figura de otro magnífico compositor alemán, Paul Hindemith  (1895-1963), uno de los más inquietos de esa época, capaz, incluso, de promocionar y componer para un instrumento electrónico como el Trautonium. También empezaba en la composición uno de los autores que alcanzaría la gloria en plena Alemania Nazi, Carl Orff (1895-1982), el autor del Carmina Burana (1937).

Ésta era la Alemania musical que destrozaron los Nazis al llegar al poder en 1933. Tras ella comenzó el goteo de compositores que se exiliaron fuera del país (primero a Suiza o Francia, luego a Inglaterra o directamente a EE.UU.). De los compositores que he mencionado sólo permanecieron en su país Richard Strauss (que tenía casi 70 años en 1933 y al que el partido nazi utilizó como estandarte musical), Künneke (a Hitler le gustaban mucho las operetas), Butting (que decidió quedarse y autoexiliarse, pues también tenía ideas socialistas y acabó en la RDA) y Carl Orff, del que mucho se ha escrito sobre si era afín al régimen o sólo se le utilizó propagandísticamente. Simplemente se quedó y no sintió el yugo de la persecución por sus ideas o por su origen racial.

Ya por último os cito a siete compositores alemanes que sí que se exiliaron de Alemania, citando el año de su exilio, adónde se fueron, si volvieron tras la guerra y os dejo una muestra de una sus primeras obras en el exilio. Voy a ir por orden cronológico de nacimiento y ya os adelanto que todos eran judíos menos Hindemith.

* Paul Dessau (1894 -1979), ya lo he mencionado, era comunista y también judío. Brecht se había marchado de Alemania en 1933 y pasó primero a Dinamarca, luego a Suecia, luego a Finlandia…, hasta que en 1941 llega a EE.UU. donde se quedaría hasta 1947, año en el que huyó de país agobiado por la presión de la “Caza de Brujas“  instaurada por el macarthismo. Se fue a la RDA y allí falleció en 1956. El periplo de Dessau es similar, también se exilió en 1933 y pasó por diferentes lugares antes de llegar a EE.UU. en 1939. También acabó yéndose a la RDA en 1948 por la misma razón que Brecht. Os dejo la obra “Les Voix“, para soprano, piano y orquesta, sobre un poema de Paul Verlaine (1939).

* Paul Hindemith (1895-1963), como he dicho, no era judío pero sí estaba en contra del Partido en el poder y de lo que el aparato propagandístico nazi llamaba como „Música Degenerada“ (Entartete Musik). Hindemith emigró en 1938 a Suiza y luego a EE.UU en 1940. Volvió a Europa en 1953. La obra que os presento es su sonata para arpa de 1939.

 

* Friedrich Holländer (1896-1976) abandonó Alemania en 1933 por ser judío y llegó a EE.UU en 1934 tras pasar por París. Autor de música de cabaret, de multitud de canciones y de Bandas Sonoras, volvió a Alemania en 1956. En América se hacía llamar Frederick. Os dejo la canción “Awake in a dream“, cantada por Marlene Dietrich en la película “Desire“ de 1936.

* Hanns Eisler (1898 – 1962), colaborador principal de Brecht, judío y comunista, se exilió de Alemania en 1933 (estableciéndose en multitud de sitios) y finalmente emigró a EE.UU. en 1938. Corrió la misma suerte que Brecht y Dessau, también tuvo que volver a Europa por las mismas circunstanceas y se extableció igualmente en la RDA en 1948. En su caso os presento una de sus primeras obras en Américas, su Noneto nº1 de 1939.

 

* Kurt Weill (1900-1950) el más conocido colaborador de Brecht, pero también el que menos trabajó con él. No era comunista, pero sí judío. También abandonó Alemania en 1933 estableciéndose en París antes de llegar a EE.UU. en 1935. Weill no volvió, murió en 1950 siendo uno de los compositores más importantes dentro del género “Musical“, consecuencia directa de sus trabajos anteriores en el terreno del Cabaret a finales de los años 20. Os dejo una canción de uno de sus primeros musicales americanos, “Johnny Johnson“, de 1936.

 

* Stefan Wolpe (1902 –1972), el caso de Wolpe es peculiar. No era un colaborador de Brecht pero sí estaba influenciado por él. También era judío y comunista, pero su exilio fue curioso. Emigra en 1933 a Austria, luego, de 1934 a 1938, se establece en Palestina y, finalmente, llega a EE.UU. en 1938, donde permanece hasta su muerte. Tuvo de alumnos a bastantes compositores americanos de la segunda mitad del siglo XX, el más importante, sin duda, Morton Feldman. De Wolpe os muestro su “Toccata para piano“, compuesta al poco de llegar a América, en 1941.

* Franz Wachsmann o Waxman (1906 – 1967) el último ejemplo de hoy es éste famoso compositor de Bandas Sonoras que también tuvo que emigrar a los EE.UU. por ser judío. Waxman también se fue de Alemania en 1933, estableciéndose en Francia primero y llegando a EE.UU. a finales de 1934. Se habla de unas 150 Bandas Sonoras compuestas por él hasta su muerte en California. Os dejo la suite que compuso para la película “La Novia de Frankenstein” (The Bride of…) de James Whale (1935). Seguimos con los austríacos en el segundo capítulo.

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